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AMH: qué mide y qué no predice
La hormona antimülleriana, conocida como AMH, se ha convertido en la prueba estrella para evaluar la reserva ovárica. Es estable a lo largo del ciclo, basta una extracción cualquier día del mes, y devuelve un número que parece resumir toda la fertilidad de una mujer en una sola cifra. Esa aparente simplicidad explica por qué se ha popularizado tanto y, también, por qué se está malinterpretando con frecuencia.
La AMH mide una cosa concreta: la cantidad de folículos antrales pequeños que el ovario tiene en un momento dado. No mide la calidad de los ovocitos, no mide la función hormonal del eje hipotálamo-hipófisis, y —contra lo que muchas pacientes escuchan en consulta— no es un predictor fiable de embarazo natural en mujeres sin historia de infertilidad. Distinguir lo que esta prueba dice de lo que no dice es lo que separa una decisión informada de una decisión basada en una cifra mal leída.
Qué es realmente la AMH
La AMH es una glicoproteína secretada por las células de la granulosa de los folículos antrales pequeños (entre 2 y 9 mm). Su producción es proporcional al número de folículos en esa fase del desarrollo, por lo que sirve como marcador indirecto del tamaño del pool folicular remanente. A diferencia de la FSH o el estradiol, la AMH apenas oscila durante el ciclo menstrual, lo que la hace operativamente cómoda: la analítica se puede pedir cualquier día, sin ayuno y sin coordinar con la menstruación.
Esa estabilidad explica por qué la guía de ESHRE sobre evaluación de la mujer subfértil y la opinión del Comité de Práctica de ASRM (2020) la consideran, junto con el recuento de folículos antrales por ecografía, la herramienta de elección para estimar reserva ovárica. También por qué, en el contexto de un ciclo de fecundación in vitro, predice con razonable precisión la respuesta a la estimulación hormonal: cuantos más folículos antrales pequeños, más ovocitos esperables tras estimular (Broer et al., Human Reproduction Update, 2013).
Hasta aquí la lectura útil. El problema empieza cuando esa información se extrapola.
Valores de referencia por edad
La referencia más usada es el nomograma poblacional de Nelson et al. (Human Reproduction, 2011), construido a partir de 9.601 mujeres. Los valores medianos de AMH descienden de forma no lineal con la edad:
- A los 25 años: mediana 4,10 ng/mL
- A los 30 años: mediana 2,87 ng/mL
- A los 35 años: mediana 1,75 ng/mL
- A los 38 años: mediana 1,06 ng/mL
- A los 40 años: mediana 0,77 ng/mL
- A los 42 años: mediana 0,48 ng/mL
El percentil 10 para cada edad —el umbral por debajo del cual se considera reserva baja para esa edad concreta— es aproximadamente la mitad de la mediana correspondiente. Esta lectura por edad es la que tiene sentido clínico: una AMH de 1,2 ng/mL es esperable a los 38 años y baja a los 30. El número aislado, sin la edad de referencia, no informa.
Un matiz técnico relevante: los ensayos comerciales de AMH no estuvieron bien estandarizados hasta alrededor de 2015. Resultados anteriores no siempre son comparables entre laboratorios. Si la analítica tiene más de 12 meses y se está tomando una decisión clínica relevante, en general conviene repetirla.
El hallazgo que cambia la conversación: AMH y embarazo natural
El estudio que mejor describe los límites de la AMH es el de Steiner et al. publicado en JAMA en 2017. Es una cohorte prospectiva de 981 mujeres de entre 30 y 44 años, sin historia de infertilidad, seguidas hasta concebir o hasta los 12 ciclos de búsqueda. Se midieron AMH, FSH e inhibina B al inicio. La conclusión, tras ajustar por edad y otras variables, fue clara: ninguno de los tres marcadores se asoció con la probabilidad de embarazo espontáneo a 6 ni a 12 ciclos.
Es decir: en este grupo de mujeres sanas que llevaban menos de un año buscando, tener una AMH baja para su edad no redujo de forma significativa la probabilidad de embarazo natural. Una mujer de 35 años con AMH de 0,8 ng/mL —técnicamente baja para su edad— tuvo en este estudio una fecundabilidad mensual similar a una mujer de 35 años con AMH de 2 ng/mL.
Una revisión sistemática y meta-análisis posterior (Hu et al., Frontiers in Endocrinology, 2021) confirmó la misma señal: la AMH tiene un valor predictivo pobre para embarazo espontáneo en población general. Este es uno de los motivos por los que el American College of Obstetricians and Gynecologists desaconseja específicamente medir AMH como prueba de fertilidad en mujeres asintomáticas sin contexto de infertilidad.
El mecanismo biológico de este hallazgo es coherente: la AMH refleja cuántos folículos quedan, no cómo funcionan los que aún ovulan cada mes. Mientras haya ovulación regular y los demás factores estén intactos —permeabilidad tubárica, función uterina, factor masculino—, la probabilidad por ciclo depende sobre todo de la calidad ovocitaria (ligada a edad) y de la coordinación de la pareja con la ventana fértil, no del tamaño total del pool restante.
Dónde sí aporta información clínica
En pacientes que ya están en estudio por infertilidad, la AMH cambia de papel. Combinada con edad y FSH, ayuda a clasificar la respuesta ovárica esperada en un eventual ciclo de estimulación, a anticipar la dosis de gonadotropinas necesaria y a identificar candidatas a respuestas pobres según el criterio de Bolonia (AMH inferior a 1,1 ng/mL como uno de los marcadores; Ferraretti et al., Human Reproduction, 2011). En este escenario subfértil, la AMH añade información que la edad por sí sola no captura del todo.
También es útil como marcador longitudinal en perfiles concretos: mujeres con endometriosis avanzada o cirugía ovárica previa, pacientes oncológicas antes y después de tratamientos gonadotóxicos, sospecha de fallo ovárico precoz —donde la AMH inferior a 0,5 ng/mL en menores de 40 años, junto con FSH elevada, contribuye al diagnóstico—. Y para decisiones sobre preservación de fertilidad por vitrificación de ovocitos, donde estimar la respuesta esperable a la estimulación es directamente lo que se está midiendo.
La diferencia clave es el contexto. En estudio subfértil o ante una decisión sobre reproducción asistida, la AMH es una pieza más del puzzle. En una mujer sana de 32 años que está empezando a buscar embarazo, una AMH baja por sí sola no debería desencadenar una recomendación de tratamientos avanzados.
Errores frecuentes de interpretación
Hay tres confusiones que aparecen con regularidad en la práctica clínica.
Confundir cantidad con calidad. La AMH estima cuántos folículos antrales hay, no la competencia genética o metabólica de los ovocitos que se liberan cada mes. La calidad ovocitaria correlaciona principalmente con la edad cronológica. Una mujer de 28 años con AMH baja para su edad tiene, en general, ovocitos de buena calidad para su edad; una mujer de 42 años con AMH alta tiene ovocitos de 42 años, con la tasa de aneuploidía correspondiente.
Tratar la AMH como un cronómetro de la menopausia. Aunque la AMH desciende a medida que se acerca la menopausia, su capacidad de predecir el momento exacto en una paciente concreta es limitada. Existe una variabilidad individual amplia: dos mujeres con la misma AMH pueden llegar a la menopausia con varios años de diferencia. La AMH puede sugerir si una transición está cerca, no fijar una fecha.
Usar la AMH para denegar acceso a tratamientos. Tanto el comité de práctica de ASRM (2020) como ESHRE son explícitos en este punto: no hay evidencia que justifique usar la AMH como criterio único para no ofrecer un tratamiento de fertilidad. Una AMH baja indica una respuesta esperable a la estimulación, no una imposibilidad de embarazo.
Qué hacer con un resultado de AMH baja
El primer paso es contextualizar la cifra con la edad, no con un rango único. Una AMH de 1,2 ng/mL a los 37 años está dentro de lo esperable; a los 28, merece confirmación con segunda determinación y, si se replica, valoración por ginecología especializada en reproducción. Conviene también revisar la calidad del laboratorio: ensayos no automatizados o no estandarizados pueden dar resultados con dispersión importante.
El segundo paso es completar la imagen. La AMH no se interpreta sola. Un estudio razonable incluye recuento de folículos antrales por ecografía transvaginal en fase folicular, FSH y estradiol basal, función tiroidea, prolactina y, en parejas que llevan más de seis a doce meses buscando según edad, valoración de permeabilidad tubárica y seminograma. Es la combinación de marcadores la que orienta una decisión, no un único valor.
El tercer paso depende del proyecto reproductivo. Una mujer de 31 años con AMH baja para edad que aún no quiere buscar embarazo puede valorar preservación de fertilidad. Una mujer de 36 años con AMH baja que ya está buscando puede plantearse acortar tiempos antes de pasar a estudio formal. Una pareja en estudio de infertilidad con AMH baja puede ajustar protocolos de estimulación. Son decisiones distintas a partir del mismo dato.
Preguntas frecuentes
¿Si tengo la AMH baja, no podré quedarme embarazada de forma natural? No es una conclusión que la evidencia respalde. El estudio de Steiner et al. (JAMA, 2017) demostró que en mujeres sin historia previa de infertilidad, la AMH baja no se asoció con menor probabilidad de embarazo espontáneo en 6 ni 12 ciclos. Una AMH baja indica un pool folicular más reducido, no una incapacidad de ovular ovocitos viables.
¿Cuándo debo medirme la AMH? Tiene utilidad clínica clara si estás en estudio de infertilidad, si vas a planificar un ciclo de FIV, si te planteas preservar ovocitos, si has tenido cirugía ovárica o quimioterapia, o si tienes sospecha de fallo ovárico precoz. Como prueba aislada en una mujer sana asintomática, su valor informativo es limitado y la interpretación puede generar más ansiedad que decisiones útiles.
¿Por qué dos laboratorios me han dado valores distintos? Los ensayos comerciales no estuvieron bien estandarizados hasta aproximadamente 2015. Aun hoy, diferencias entre plataformas pueden generar variaciones del 10-20%. Si una decisión clínica importante depende del valor, conviene repetir en un laboratorio de referencia o confirmar con recuento ecográfico de folículos antrales.
¿La AMH dice algo sobre la calidad de mis óvulos? No directamente. La AMH estima cantidad de folículos antrales pequeños. La calidad ovocitaria —medida indirectamente por tasas de aneuploidía y por tasa de embarazo evolutivo por ovocito— correlaciona sobre todo con la edad cronológica.
¿Una AMH alta es siempre buena noticia? No siempre. Valores por encima de 4-5 ng/mL en mujeres en edad reproductiva pueden orientar a síndrome de ovario poliquístico, especialmente si se acompañan de oligomenorrea, hiperandrogenismo o morfología ovárica poliquística en ecografía. En ese contexto la AMH no es "buena" ni "mala": es una pista diagnóstica que requiere estudio.
En Lucina coordinamos los estudios de reserva ovárica con interpretación clínica por ginecólogas especializadas, y los integramos con el resto de variables —edad, factor tubárico, factor masculino, función endocrina— para que un resultado de AMH no se lea nunca de forma aislada. Si quieres una valoración inicial de tu situación, puedes empezar por la calculadora de Lucina o revisar las dudas frecuentes en nuestras preguntas frecuentes.
Fuentes principales:
- Nelson SM, Messow MC, Wallace AM, et al. Nomogram for the decline in serum antimüllerian hormone: a population study of 9.601 infertility patients. Human Reproduction 2011;26(9):2532-2539.
- Steiner AZ, Pritchard D, Stanczyk FZ, et al. Association Between Biomarkers of Ovarian Reserve and Infertility Among Older Women of Reproductive Age. JAMA 2017;318(14):1367-1376.
- Broer SL, Mol BW, Hendriks D, Broekmans FJ. The role of antimullerian hormone in prediction of outcome after IVF: comparison with the antral follicle count. Human Reproduction Update 2013.
- Iliodromiti S, Anderson RA, Nelson SM. Technical and performance characteristics of anti-Müllerian hormone and antral follicle count as biomarkers of ovarian response. Human Reproduction Update 2014.
- Practice Committee of the American Society for Reproductive Medicine. Testing and interpreting measures of ovarian reserve: a committee opinion. Fertility and Sterility 2020.
- Hu S, Xu B, Long R, Jin L. The Value of Anti-Müllerian Hormone in the Prediction of Spontaneous Pregnancy: A Systematic Review and Meta-Analysis. Frontiers in Endocrinology 2021;12:695157.