Lo que el seminograma no dice sobre él
Cuando una pareja lleva meses buscando embarazo sin conseguirlo, la atención suele centrarse —casi por inercia— en la mujer. Ella es la primera en pedir cita con el ginecólogo, la primera en hacerse analíticas, la primera en empezar a cuestionar si algo funciona mal en su cuerpo. Mientras tanto, el estudio del varón se reduce muchas veces a un seminograma básico que, si sale "dentro de rango", se da por bueno y se cierra el tema. Siguiente paso: buscar la causa en ella.
Pero los datos cuentan otra historia. El factor masculino contribuye a la infertilidad en aproximadamente el 50% de las parejas que consultan, siendo la causa exclusiva en un 20-30% de los casos y un factor contribuyente en otro 20-30% adicional (Sociedad Española de Fertilidad). Sin embargo, sigue siendo la parte menos estudiada, menos comprendida y menos atendida del diagnóstico reproductivo.
En este artículo vamos a profundizar en todo lo que la ciencia sabe hoy sobre la fertilidad del varón: por qué un seminograma normal no descarta un problema real, qué es la fragmentación del ADN espermático y por qué debería importarte, cómo el estrés oxidativo puede estar dañando tus espermatozoides sin que lo sepas, y qué cambios concretos y basados en evidencia puedes aplicar desde hoy.
El seminograma: necesario pero insuficiente
El seminograma (o espermograma) es la prueba estándar de evaluación de la fertilidad masculina. Según los criterios de la OMS (6ª edición, 2021), analiza tres parámetros principales:
- Concentración espermática: valores de referencia ≥16 millones/mL
- Motilidad: ≥42% de espermatozoides con motilidad total (progresiva + no progresiva)
- Morfología: ≥4% de formas normales (criterios estrictos de Kruger)
Además evalúa el volumen del eyaculado, el pH, la viscosidad y la presencia de leucocitos. Es una prueba fundamental, sí. Pero tiene una limitación enorme que rara vez se explica al paciente: no dice absolutamente nada sobre la integridad del ADN que lleva cada espermatozoide.
Un espermatozoide puede moverse bien, tener forma perfecta y estar en concentración adecuada, pero llevar dentro un ADN roto o fragmentado que impide el desarrollo embrionario normal. Es como un coche que arranca, acelera y parece funcionar, pero tiene el motor averiado por dentro.
¿Cuántos hombres se quedan en esta brecha diagnóstica? Los estudios indican que hasta un 15% de los varones infértiles tienen un seminograma completamente normal (Andrology Center). Sus resultados aparecen en rango, se les dice que "están bien" y se cierra el capítulo. Pero la causa del problema puede estar justo ahí, en una dimensión que el seminograma estándar no mide.
Fragmentación del ADN espermático: el gran olvidado
La fragmentación del ADN espermático (SDF, por sus siglas en inglés) se refiere a las roturas o lesiones en las cadenas de ADN que porta el espermatozoide. Es un parámetro que se mide con pruebas específicas —como el test TUNEL, el ensayo de dispersión de cromatina (SCD) o el ensayo SCSA— y que no forma parte del seminograma convencional.
¿Por qué es tan importante? Porque afecta directamente a lo que ocurre después de la fecundación:
- Fecundación y desarrollo embrionario: Una fragmentación elevada reduce la tasa de fecundación y compromete la calidad de los embriones, disminuyendo la formación de blastocistos viables (Nature - Scientific Reports, 2023).
- Abortos de repetición: Las guías europeas de urología (EAU, 2024) recomiendan de forma expresa el test de fragmentación de ADN espermático en parejas con abortos de repetición, reconociendo su papel causal (PMC - ASRM/AUA Guidelines Review, 2025).
- Infertilidad inexplicada: Un número significativo de hombres diagnosticados con infertilidad inexplicada presentan niveles elevados de fragmentación a pesar de tener un seminograma completamente normal (PMC - SDF Clinical Recommendations).
Los valores de referencia generalmente aceptados sitúan el umbral de normalidad en un índice de fragmentación (DFI) inferior al 15-25%, dependiendo de la técnica utilizada. Por encima del 30%, las probabilidades de embarazo natural o por inseminación artificial se reducen de forma significativa.
Lo preocupante es que, a día de hoy, esta prueba no se solicita de forma rutinaria en la mayoría de los centros de reproducción. Si nadie la pide, nadie encuentra el problema. Y la pareja sigue sin respuestas.
Estrés oxidativo: el mecanismo silencioso
Si la fragmentación del ADN es el problema, el estrés oxidativo es en muchos casos la causa. Y entender este mecanismo es clave para poder actuar.
Las especies reactivas de oxígeno (ROS) son moléculas que se producen de forma natural en el organismo y que, en cantidades controladas, son necesarias para funciones espermáticas esenciales: la capacitación, la reacción acrosómica y la propia fecundación. El problema aparece cuando la producción de ROS supera la capacidad antioxidante del cuerpo. Ese desequilibrio se llama estrés oxidativo.
¿Qué le hace el estrés oxidativo al espermatozoide? La evidencia científica describe tres vías principales de daño (Frontiers in Endocrinology, 2025):
- Peroxidación lipídica de la membrana: Los ROS atacan los ácidos grasos insaturados de la membrana espermática, reduciendo su fluidez y comprometiendo la motilidad y la capacidad de fusión con el óvulo.
- Fragmentación directa del ADN: Los ROS causan roturas en las cadenas de ADN del espermatozoide, generando exactamente el tipo de daño que el seminograma no detecta.
- Disfunción mitocondrial: Las mitocondrias de la pieza intermedia del espermatozoide —el "motor" que impulsa el flagelo— se ven afectadas, lo que reduce la motilidad progresiva.
La magnitud del problema es considerable: se estima que el daño mediado por ROS contribuye a la infertilidad masculina en un 30-80% de los casos (PMC - Oxidative Stress and Male Infertility). No es un mecanismo marginal; es probablemente el principal factor modificable de la calidad espermática.
El declive global de la calidad espermática: ¿mito o realidad?
Quizás hayas leído titulares alarmantes sobre la "crisis de espermatozoides" o el "declive de la fertilidad masculina". ¿Qué dice realmente la ciencia?
El estudio más citado es el metaanálisis de Levine et al. (2022), publicado en Human Reproduction Update, que incluyó datos de 53 países recogidos entre 1973 y 2018. Sus conclusiones fueron impactantes: la concentración espermática media había disminuido un 51.6% en ese periodo, pasando de unos 101 millones/mL a 49 millones/mL. Más preocupante aún, el ritmo de descenso se había acelerado: del 1.16% anual antes del año 2000 al 2.64% anual a partir de ese año (Human Reproduction Update, 2023).
Sin embargo, investigaciones más recientes matizan estos datos. Un análisis de 2025 centrado en varones fértiles estadounidenses encontró que la concentración espermática se mantenía estable en las últimas décadas, sugiriendo que el declive podría afectar de forma desigual a distintas poblaciones y regiones (Fertility and Sterility, 2025).
Lo que sí parece claro es que, incluso tras el descenso descrito, la media global sigue por encima del umbral de la OMS (16 millones/mL). Pero la tendencia a la baja es real y sostenida, y sus causas probables —contaminantes ambientales, disruptores endocrinos, cambios en el estilo de vida— son factores sobre los que podemos y debemos actuar.
Factores de estilo de vida: lo que puedes cambiar hoy
Aquí viene la buena noticia: una parte significativa de los factores que afectan a la calidad espermática son modificables. La espermatogénesis dura aproximadamente 74 días, lo que significa que los cambios que hagas hoy pueden reflejarse en la calidad de tus espermatozoides en unos tres meses. Estos son los factores con mayor evidencia científica (MDPI - Lifestyle and Environmental Factors, 2025; PMC - Lifestyle Factors Review, 2024):
Temperatura testicular
Los testículos están fuera del cuerpo por una razón: la espermatogénesis necesita una temperatura 2-4 °C inferior a la temperatura corporal central. Cualquier factor que aumente la temperatura escrotal de forma sostenida puede afectar negativamente a la producción y calidad espermática:
- Portátil sobre las piernas: Puede elevar la temperatura escrotal hasta 2.8 °C.
- Ropa interior ajustada: Varios estudios asocian el uso de boxers ajustados con menor concentración espermática en comparación con ropa holgada.
- Saunas y baños calientes frecuentes: La exposición prolongada al calor testicular se ha asociado con atrofia testicular y disminución de la producción espermática.
- Profesiones sedentarias: Conductores profesionales y personas que pasan muchas horas sentadas muestran parámetros seminales peores que controles activos.
Alimentación y antioxidantes
La dieta tiene un impacto directo sobre el estrés oxidativo y, por tanto, sobre la calidad espermática:
- Dieta mediterránea: Rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva, se asocia con mejores parámetros seminales. Los antioxidantes naturales (vitamina C, vitamina E, selenio, zinc, licopeno) ayudan a neutralizar los ROS.
- Dieta alta en grasas saturadas y ultraprocesados: Se asocia con menor concentración espermática, menor vitalidad y mayor fragmentación del ADN.
- Suplementos antioxidantes: La evidencia sobre suplementos específicos (CoQ10, vitamina E, zinc, selenio, L-carnitina) es prometedora pero no concluyente. Algunos estudios muestran mejoras en motilidad y fragmentación, pero faltan ensayos clínicos de gran tamaño con protocolos estandarizados.
Ejercicio físico
La relación con el ejercicio sigue una curva en U invertida: el ejercicio moderado mejora la calidad espermática, pero el exceso la perjudica.
- Ejercicio moderado (3-5 veces/semana, 1 hora): Asociado con un 15% de mejora en los parámetros espermáticos respecto a varones sedentarios.
- Ejercicio excesivo o de alta intensidad: Puede alterar el eje hormonal (disminución de testosterona, aumento de cortisol) y generar estrés oxidativo sistémico.
Tóxicos y hábitos
- Tabaco: Reduce la concentración, la motilidad y aumenta la fragmentación del ADN. El efecto es dosis-dependiente.
- Alcohol: El consumo moderado no parece tener un impacto significativo, pero el consumo excesivo (>14 unidades/semana) se asocia con peores parámetros.
- Cannabis: Cada vez más estudios lo asocian con alteraciones en la concentración y morfología espermática.
- Radiación de dispositivos móviles: La radiofrecuencia emitida por smartphones en el bolsillo del pantalón se ha asociado con estrés oxidativo y daño al ADN espermático en estudios in vitro, aunque la evidencia clínica en humanos aún es limitada.
Peso corporal
La obesidad (IMC >30) se asocia de forma consistente con peores parámetros seminales: menor concentración, menor motilidad y mayor fragmentación del ADN. El mecanismo es doble: por un lado, el exceso de tejido adiposo aumenta la aromatización de testosterona a estrógenos; por otro, la inflamación crónica de bajo grado genera estrés oxidativo sistémico.
El estudio masculino que sí merece la pena
Si llevas tiempo buscando embarazo, si tu seminograma ha salido "normal" pero seguís sin respuestas, o si habéis tenido abortos de repetición o fallos de implantación, es fundamental ir más allá de las pruebas básicas.
Un estudio de fertilidad masculino completo debería incluir, además del seminograma convencional:
- Test de fragmentación del ADN espermático (TUNEL, SCD o SCSA)
- Perfil hormonal completo (FSH, LH, testosterona total y libre, estradiol, prolactina, TSH)
- Ecografía testicular (para descartar varicocele, que está presente en hasta el 40% de los varones infértiles y es la causa tratable más frecuente)
- Evaluación del estrés oxidativo seminal (cuando esté disponible)
Si quieres saber más sobre cómo abordamos el estudio diagnóstico de ambos miembros de la pareja, te recomendamos leer nuestro artículo sobre el estudio de fertilidad de pareja, donde explicamos paso a paso cada prueba y por qué la consideramos necesaria.
En Lucina Fertility, nuestro equipo realiza una evaluación completa que incluye al varón desde el primer momento, porque entendemos que la fertilidad es cosa de dos y que saltarse el estudio masculino en profundidad es una de las causas más frecuentes de diagnósticos incompletos y tratamientos innecesarios. Si quieres conocer cómo trabajamos, visita nuestra sección Cómo funciona o reserva tu cita para que podamos estudiar vuestro caso de forma integral.
Preguntas frecuentes
¿Un seminograma normal significa que mi fertilidad está bien?
No necesariamente. El seminograma evalúa concentración, motilidad y morfología, pero no mide la integridad del ADN espermático. Hasta un 15% de los varones infértiles presentan un seminograma dentro de rangos normales. Si lleváis más de un año buscando embarazo sin éxito, o si habéis tenido abortos o fallos de implantación, es recomendable solicitar un test de fragmentación del ADN espermático como complemento. Puedes consultar nuestras preguntas frecuentes para más información.
¿Qué es la fragmentación del ADN espermático y cómo se mide?
Es la presencia de roturas en las cadenas de ADN del espermatozoide. Se mide mediante pruebas específicas (TUNEL, SCD, SCSA) que no forman parte del seminograma convencional. Un índice de fragmentación por debajo del 15% se considera normal; entre 15-25% es una zona intermedia; y por encima del 25-30% se asocia con menor probabilidad de embarazo y mayor riesgo de aborto.
¿Puedo mejorar la calidad de mis espermatozoides con cambios en el estilo de vida?
Sí, y la ciencia lo respalda. La espermatogénesis dura unos 74 días, así que los resultados de los cambios que hagas hoy se pueden ver en unos tres meses. Las acciones con mayor evidencia son: mantener un peso saludable, seguir una dieta rica en antioxidantes, hacer ejercicio moderado regular, evitar el tabaco y el exceso de alcohol, reducir la exposición al calor testicular y limitar el tiempo con el móvil en el bolsillo del pantalón. Explora más recursos en nuestro blog.
¿El estrés psicológico afecta a la calidad espermática?
La evidencia es creciente pero todavía no concluyente. Varios estudios han encontrado asociación entre niveles elevados de cortisol (hormona del estrés) y peores parámetros seminales, posiblemente mediado por la supresión del eje hipotálamo-hipófisis-gónadas. Aunque no se puede afirmar que el estrés sea una causa directa de infertilidad masculina, gestionar el estrés crónico es una recomendación razonable dentro de un enfoque integral.
¿Cuándo debería pedir cita para un estudio de fertilidad masculino?
Si lleváis más de 12 meses de relaciones sin protección sin conseguir embarazo (o 6 meses si tu pareja tiene más de 35 años), es momento de estudiar a ambos miembros de la pareja. No esperes a que el estudio femenino esté completo para empezar el masculino: ambos deberían hacerse en paralelo para no perder tiempo. Reserva tu cita y nuestro equipo os guiará desde el primer momento.